FAMILIAS VS. NÚMEROS ROJOS

En tiempos de incertidumbre global, el Gobierno continúa este año anotándose el logro de mantener las cuentas fiscales en orden y un riesgo país controlado. No obstante, la ciudadanía sigue a la espera de que esos resultados aceleren su impacto y se traduzcan en mejores oportunidades laborales y calidad de vida. Lo visto en las últimas semanas es la antítesis de esos indicadores macroeconómicos: el ciudadano común sigue sin tener acceso a seguridad y a atención médica de calidad; enfrenta alimentos básicos más costosos tras el ajuste en el cobro del IVA; soporta cortes de luz imprevistos y suspensiones del servicio de agua de hasta ocho horas. Y ahora debe absorber también un incremento en el precio de los combustibles. La responsabilidad del Gobierno: diseñar mecanismos de protección social Si bien no todos estos problemas son consecuencia directa de decisiones del Gobierno, es responsabilidad de las autoridades diseñar mecanismos que amortigüen el impacto social de cada ajuste, de cada reforma y de cada crisis que termina golpeando a quienes menos tienen. El verdadero indicador del éxito de una administración no debería estar en las cifras de riesgo país, sino en la calidad de vida que esas cifras son capaces de generar. Y eso aún sigue siendo un gran pendiente.

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