
Dr. Medardo Mora Solórzano
Dr. en Jurisprudencia, Rector fundador de la Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí, ex-Alcalde de Manta, ex-presidente del CONUEP y luego CONESUP
Nada pone en evidencia mejor a una persona que sus actos, su comportamiento. Es muy fácil decir o escribir lo que uno piensa o cree, pero son las actitudes y acciones las que demuestran su real personalidad. Eso explica el aleccionador mensaje cristiano: “por sus obras los conoceréis” o el mensaje quijotesco: “hechos y no palabras”. La filosofía platónica nos enseñó que las ideas son arquetipos de las cosas; sin la existencia de un pensamiento sazonado con razones o ideales no es posible tener una hoja de ruta que nos conduzca a conseguir una determinada meta. Es muy claro, si no tenemos una ruta definida y un puerto de llegada hay un alto riesgo de zozobrar en el camino Mentiras, propaganda y desconfianza Lamentablemente, en el debate político en la actualidad hay ausencia de ideas, de doctrinas, de tesis. Prevalece la mentira, la propaganda sesgada, lo cual ha creado desconfianza en la clase política al observar los ciudadanos que tienen una doble moral, que piensan y actúan de una manera cuando aspiran al poder y piensan y actúan de otra manera cuando logran el poder. No le queda otra opción al ciudadano que resignarse a tener gobernantes y dirigentes políticos alejados de un mínimo de escrúpulo al actuar con un cinismo ilimitado. Esa realidad está creando un ambiente de descomposición social que solo conoce de incertidumbres. Se está perdiendo el último reducto que le queda a una persona: la esperanza, sin la cual se vuelve muy nublado algún futuro alentador. Si a ese comportamiento de la clase política se agrega la gran influencia de las redes sociales o la compra millonaria de medios de comunicación por parte del Gobierno, todo se va reduciendo a campañas publicitarias que distorsionan la realidad y debilitan la libertad de expresión, soporte indispensable de una democracia. El resultado es una sociedad secuestrada por una publicidad engañosa. Hay que juzgar a las personas por sus actos, por los resultados que logran y no por lo que dicen. Hay que recordar el axioma campesino: “las tortillas no se hacen con palabras, se hacen con maíz”. Si no existe transparencia y honestidad la acción carece de valor.



