DEJA DE QUEJARTE

Los esfuerzos que hacen los críticos del actual Gobierno por dar luces sobre acciones cuestionadas, se diluyen. Lo hacen en medio de una avalancha de mensajes de redes sociales, de todo tipo. Algunos, frustrados, consideran que el país es inviable porque sus propuestas, algunas sensatas y hasta viables, no llegan a quienes podrían implementarlas. Pero hacer oposición política a un gobierno no basta con ‘gritar’ en redes sociales. El país, quizá por una tradición de enfrentamiento directo al poder, acomodamiento ciudadano con personajes políticos que solían ser opositores y autocensura luego del crimen de Fernando Villavicencio, dejó de pensar, articular y proponer desde los espacios adecuados. Estos son los partidos políticos, la academia y las organizaciones de la sociedad civil. La gran mayoría de partidos carecen de políticos especializados en temas fundamentales como defensa, educación, salud y economía, la academia está en deuda pues no conecta sus propuestas con las del poder, y las organizaciones civiles carecen de recursos e ideas para intervenir en la política pública. Así como el Gobierno debe aprender a abrir la mano ante la ciudadanía, la ciudadanía organizada y mejor preparada, descontenta y valiente, debe aprender a hacer oposición. Por ejemplo, en el caso del CNE, de la Judicatura y de los incontables estados de excepción, deben activarse para demandar, denunciar, intervenir y pedir la palabra en los espacios adecuados. Se ha olvidado que, en democracia, la oposición no aboga por el rompimiento del orden constituido — hay quienes creen que todo gobierno que no les guste debe ‘irse’—. Por el contrario, el verdadero avance se da cuando las voces disonantes se escuchan y se aprende de ellas. Mientras un gobierno deba defender su supervivencia ante quienes, en lugar de moldear sus políticas quieren su cabeza, será difícil articular una oposición coherente.

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