
Patricia Jaramillo, madre soltera de dos hijos, convirtió un microcrédito en su sustento. Con ese impulso inicial montó SweetDuck, su floristería, que hoy es su principal fuente de ingresos. Gracias a su puntualidad en los pagos, ahora busca un nuevo préstamo, pero con un objetivo más ambicioso: «para darle ingresos a más mujeres como yo, que no tienen la posibilidad de tener un ingreso fijo». Su historia refleja una realidad del sistema financiero ecuatoriano. Según Asobanca, más del 60 % de los microcréditos del país se otorgan a mujeres, destinados principalmente a pequeños emprendimientos. Este protagonismo femenino, explica Valeria Llerena, de la Red de Instituciones Financieras de Desarrollo, viene acompañado de un comportamiento financiero ejemplar: «Las mujeres son mejor pagadoras que los hombres.
Su mora está, al menos, medio punto porcentual por debajo». Datos de Equifax respaldan esta tendencia: la tasa de cumplimiento de pago en mujeres alcanza el 90 %. Sin embargo, persisten barreras estructurales para acceder a financiamiento de mayor cuantía. Llerena detalla que factores como la falta de patrimonio, la brecha salarial y el trabajo no remunerado limitan sus créditos. «Los montos colocados a mujeres son, en promedio, un 15% más bajos que en hombres», asegura. Este escenario se desarrolla en un contexto donde, según el INEC, 4 de cada 10 hogares en Ecuador tienen jefatura femenina. César Coronel, abogado de defensa de deudores, añade que «el 46 % o 47 % de los emprendimientos son Manta, Domingo 08 de Marzo 2026 liderados por mujeres, y muchos microcréditos están directamente relacionados con ellos». A pesar de las brechas, historias como la de Patricia demuestran que las mujeres no solo emprenden, sino que también lideran con el mejor ejemplo de pago.



