
Un todoterreno blindado recorre a toda velocidad un camino montañoso del Cauca (suroeste de Colombia), región dominada por disidencias de las FARC. Esneyder Gómez, candidato indígena al Congreso, realiza campaña bajo fuego. Escoltas desarmados lo acompañan junto a otra nasa con bastones tradicionales.
En octubre, su coche fue baleado tras un acto proselitista. Una década atrás, los guerrilleros lo declararon objetivo por su labor como defensor de derechos humanos. La violencia política escaló tras el asesinato del senador Miguel Uribe, el primer magnicidio en casi 30 años. Desde 2025, al menos 61 líderes políticos han sido asesinados, según la Misión de Observación Electoral. Un tercio del territorio está bajo amenaza para las elecciones. En el Alto Naya, los cultivos de coca financian a disidentes que imponen «control territorial». Gómez ha visto «caer muchos compañeros»: «Da impotencia, la sangre hierve». En puestos de control, rebeldes armados exigen identificación



