EL FUTURO DE LA FISCALÍA SE OSCURECE

El concurso para la selección del nuevo fiscal general aún no inicia oficialmente, pero desde ya hay una gran certeza: el resultado será una autoridad con escasa legitimidad. Si ese será el resultado, independientemente del nombre, la Fiscalía está condenada a contar con una nueva autoridad con nula probidad y cuyas decisiones estarán en tela de duda. Lo que se espera de autoridades serias es que subsanen las irregularidades que salpican la conformación de la comisión ciudadana que encabezará el concurso para devolverle la transparencia que indiscutiblemente requiere un proceso como este. Sin embargo, del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social se espera cualquier cosa menos seriedad en sus actuaciones. Seguramente continuará con el proceso de arrancar el concurso, sin importar las manchas que este arrastre. Ante esta triste realidad, la ciudadanía y los veedores realmente comprometidos con los intereses colectivos son los llamados a estar atentos a los avances de este concurso. Está clara la consigna: la Fiscalía es y seguirá siendo una institución apetecida por el poder político, y mientras un sistema – como el actual- permita apoderarse de esta y de otras instituciones, lo seguirán haciendo. El ciudadano y los ojos críticos son los únicos que podrán ejercer algún contrapeso.

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