¿ELEGIMOS PERSONAS O PARTIDOS?

Santiago Palacios Montesinos

Comunicador Corporativo [email protected]

Con las próximas elecciones en puerta, surge una inquietud clave: ¿estamos eligiendo a las personas más capacitadas para representarnos o simplemente nos dejamos llevar por las banderas de los partidos que lideran las encuestas? En la intención de voto para la Asamblea, parece predominar una tendencia a favorecer a los partidos que ocupan el primero y segundo lugar en la carrera presidencial. Pero, ¿qué sabemos realmente de las personas que integran sus listas? Es válido preguntarse si aquellos candidatos con verdadera capacidad, integridad y compromiso están quedando relegados simplemente por no formar parte de estas dos fuerzas políticas dominantes. ¿Hemos caído en la lógica de que solo los partidos grandes merecen nuestra confianza, olvidando que la democracia también se nutre de diversidad y pluralismo? Es cierto que un presidente con mayoría en la Asamblea puede aprobar leyes con mayor rapidez, pero este escenario también puede derivar en un poder excesivo, donde la fiscalización sea débil o inexistente. En lugar de un equilibrio de poderes, podríamos terminar con una concentración de decisiones que no siempre representen los intereses de la ciudadanía. Por otro lado, cuando las personas que llegan a la Asamblea son honorables y trabajan con verdadero compromiso, la aprobación de leyes en beneficio del país no debería ser un obstáculo. Si las propuestas son justas, sensatas y pensadas para el bien común, deberían avanzar con celeridad, sin importar la bandera política de quien las presente. El problema radica en nuestras experiencias pasadas. Las malas prácticas, los escándalos y la falta de resultados han erosionado la confianza en la Asamblea y los congresos. Pero si seguimos eligiendo basándonos únicamente en la popularidad de los partidos o en alianzas coyunturales, no estamos solucionando el problema de fondo. Es hora de cambiar la manera en que votamos. La verdadera democracia requiere de una diversidad de opiniones y perspectivas, de representantes que enriquezcan el debate y tomen decisiones equilibradas. Esto no se logra entregando todo el poder a un solo partido, sino eligiendo a los mejores perfiles, aquellos que tengan tanto la capacidad como la intención de servir al país. Debemos dejar atrás la idea de que el voto útil solo se dirige a los partidos más grandes. Si queremos una democracia sólida, necesitamos votar con conciencia, evaluando no solo las propuestas, sino también las trayectorias y valores de quienes buscan representarnos. En nuestras manos está construir un verdadero equilibrio de poder que trabaje por el beneficio de todos.

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