El solitario final de un exbuzo de EE.UU. hallado sin vida en un edificio de Manta

El cuerpo estaba boca abajo sobre una mancha de sangre, entre rojiza y oscura. A su alrededor, todo parecía intacto: los muebles, el televisor, un suéter rojo y el control del aire acondicionado sobre la cama.

Hasta el lunes al mediodía, todo era normal en un edificio frente a la playa de Manta. Todo, excepto que el huésped de la habitación 304 llevaba varios días muerto. Allí vivía Brandon Osborne, un estadounidense de 44 años. Llegó en febrero de 2023. Le gustaba viajar, nadar y comer mariscos, pero sobre todo beber, cuentan sus amigos. Tenía por costumbre bajar a recepción a recoger la comida que pedía.

La última vez que lo vieron fue el jueves 5 de marzo. El lunes 9, el recepcionista llamó a la Policía. Nadie respondió el timbre. Abrieron la puerta y un olor nauseabundo los golpeó. Un hilo de sangre salía de la habitación. Ahí estaba Brandon, boca abajo, junto a la cama. La Policía informó que no había signos de violencia. Criminalística levantó el cuerpo y lo llevó a la morgue. Los vecinos sabían poco de él: vivía solo, hace años lo veían con una novia. No conocían a su familia.

Un amigo, Diego Casquete, contó que Brandon era buzo profesional y trabajó para las Fuerzas Armadas de Estados Unidos. Nadaban juntos en la playa El Murciélago. Hace días le escribió para invitarlo, pero nunca respondió. “Nos quedó una nadada pendiente”, dijo Diego, quien fue a la morgue para ver si alguien reclamaba el cuerpo. Nadie llegó. Afuera del edificio, las ventanas del 304 estaban abiertas.

El aire movía las cortinas blancas, depurando el olor a muerte que quedó encerrado en la habitación donde Brandon vivió sus últimas horas solo, como siempre lo vieron llegar.

Alarmante reclutamiento de menores de edad por bandas delictivas

El reclutamiento de menores por parte de grupos delictivos en Ecuador ya no es un secreto. En Manabí, especialmente en Manta, la alarma crece tras dos impactantes casos en una semana (reportados el 8 de marzo de 2026): un niño de 12 años y un adolescente de 16 involucrados en actividades ilícitas.

El coronel William Calle, comandante de la Zona 4 de la Policía, detalló que las organizaciones ahora usan WhatsApp y redes sociales para captar jóvenes. En el caso más reciente, un menor de 12 años se ofreció voluntariamente en un grupo de mensajería para cometer extorsión. Su labor consistió en fotografiar un local comercial en Manta y exigir mil dólares a los dueños mediante amenazas virtuales.

Gracias a la denuncia de la víctima, la Policía lo identificó y allanó su vivienda en la parroquia Eloy Alfaro, decomisando su teléfono con pruebas contundentes. Paralelamente, un estudiante de 16 años fue intervenido en su colegio tras una alerta. Portaba un revólver, un arma blanca y drogas. Días antes, cámaras de seguridad lo habían captado robando en los exteriores del plantel junto a otro menor. Según Calle, los Grupos de Delincuencia Organizada (GDO) aprovechan la vulnerabilidad económica y el atractivo del «dinero fácil» para enganchar a los adolescentes.

Los menores son utilizados como «eslabones» en una cadena delictiva que protege a los líderes adultos. «Los ponen a prueba con encargos específicos para medir su lealtad», explicó el jefe policial, quien instó a los padres a supervisar el entorno de sus hijos y alejarlos de riesgos. La gravedad del fenómeno se refleja en las cifras: desde enero hasta marzo de 2026, se desarticularon nueve bandas de sicarios en Manta, el distrito más conflictivo de Manabí.

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