La conmoción y la tristeza persisten entre moradores del centro y sur de Guayaquil por la muerte del sacerdote Patricio Sánchez, ocurrida el sábado 17 de octubre, cuando una cruz cayó sobre él en la iglesia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro.

Feligreses y vecinos lo recuerdan por su cercanía, amabilidad y disposición para ayudar a los demás. Álex Tapia, quien llegó tras el accidente y participó en los primeros auxilios, relató que el sacerdote “se puso morado” y que a los ocho o diez minutos ya no tenía pulso; supone que sufrió una hemorragia interna. Recordó que Sánchez lo llamaba afectuosamente “el boxeador” y que conversaron un día antes de su muerte: “Nos dijo que nos cuidemos”. Manuel Pazmiño, vecino del sector, lo describió como “a todo dar, buena persona, siempre atento para ayudar”.
Jacqueline Domínguez, feligresa, contó que el padre dio la misa de acción de gracias cuando su hija casi fallece hace un año y que conserva anécdotas cotidianas, como cuando le recomendaba recoger los desechos de su perro con una funda. Para ella, era amable, con sentido del humor y dispuesto a colaborar. La comunidad aún no asimila la pérdida. La muerte también conmovió a vecinos que, sin mantener una relación religiosa cercana, lo reconocían como parte de la vida cotidiana del barrio. Sánchez, oriundo de Cuenca, tenía 52 años y llevaba tres en esa iglesia. Sus restos serán sepultados este martes 20 de octubre en Cuenca.



