‘ENFERMOS’ POR SANGRAR A LA SALUD

No tienen perdón de Dios. Quienes, con absoluto descaro, venden medicamentos contra el cáncer sin registro sanitario, sabiendo que están jugando con la vida de pacientes que luchan por sobrevivir, deben responder con todo el peso de la ley. No se trata de una simple irregularidad comercial, sino de un acto profundamente inhumano. Que durante un operativo en una farmacia de Guayaquil se hayan encontrado más de 200 medicamentos oncológicos almacenados en condiciones precarias, sin cumplir los requisitos de conservación que estos fármacos exigen, es una señal de alarma para todo el país. No solo están en riesgo los pacientes y sus familias, sino cualquier ciudadano que pueda convertirse en víctima de este negocio inescrupuloso. Y no es un hecho aislado: esta práctica se ha repetido durante años y los controles esporádicos solo logran contenerla por un tiempo. Un medicamento mal conservado puede perder su eficacia o, peor aún, provocar efectos adversos en quienes depositan en él su última esperanza. Quienes lucran poniendo en riesgo la vida de personas con cáncer no pueden recibir sanciones blandas. Deben enfrentar responsabilidades penales ejemplares para acabar con esta otra «enfermedad»: la de la ambición de los criminales de la salud.

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