
El Niño suele asociarse a inundaciones y daños visibles, pero su factura económica es aún mayor. Según Xavier ZapataRíos (Escuela Politécnica Nacional), los eventos extremos han causado pérdidas multimillonarias en Ecuador. En 1982-1983, las pérdidas fueron de $640 millones (CEPAL) o $1.051 millones oficiales, equivalentes hoy a entre $2.200 y $3.600 millones. El episodio más devastador, 1997-1998, costó $2.870 millones (hoy $5.600-$5.800 millones), cerca del 15% del PIB de 1998. En cambio, El Niño 2015- 2016 dejó pérdidas de solo $3,2 millones ($4,2 millones actuales).
Estas cifras revelan que el riesgo climático es riesgo económico: cada evento drena recursos públicos, destruye producción, empleo e infraestructura. Invertir en gestión del riesgo, drenajes, protección hídrica y adaptación no es un gasto, sino una inversión para evitar pérdidas mayores. La pregunta urgente es si Ecuador está preparado para un posible El Niño muy fuerte a fines de 2026. Modelos recientes exploran un escenario de intensidad incluso superior a los peores registros. No es un pronóstico oficial, pero sí una alerta. La oportunidad está en anticiparse: fortalecer la resiliencia hídrica, sistemas de monitoreo, alerta temprana e infraestructura resiliente. La historia demuestra que esperar es mucho más costoso que prevenir. Tras pérdidas superiores a $5.800 millones en un solo fenómeno, el desafío es reducir la vulnerabilidad antes del próximo episodio.



