AL LÍMITE Y SIN MARCHA ATRÁS

La crisis de trabajo y de ingresos tiene nuevos datos que requieren de nuevas estrategias para abordar esta dura situación. La última Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares señala que el 50% de la población, calificada como de menos recursos, destina entre 87% y 102% de sus ingresos para el gasto corriente. Esto quiere decir el pago de los servicios básicos, vivienda, alimentación, transporte, salud y educación. Debe considerarse que el ingreso promedio de los hogares de este segmento no supera los $408 mensuales. Otros grupos también tienen un elevado porcentaje de gasto corriente, muy similar al de los más vulnerables. Esta falta de liquidez o déficit financiero impide que se fomente la cultura del ahorro para poder adquirir más bienes en el futuro o ser sujetos de crédito. El Gobierno, la Asamblea y las empresas deben unir esfuerzos para crear ayudas destinadas a este grupo, que conforman la mitad de la población ecuatoriana. Las redes de asistencia, sin embargo, deben diseñarse con miras a impulsarlos hacia la prosperidad y la superación. Hay varios modelos en el mundo. En España, por ejemplo, hay ayudas en la matriculación para vehículos familiares, tarifas reducidas en buses y para el pago de servicios básicos. Las empresas también cumplen un rol participando con paquetes de servicios o artículos destinados a los segmentos vulnerables de la población, pero coordinados con incentivos estatales. Así, la conectividad, los servicios de cuidado, ciertos beneficios para embarazadas, para emprendimientos y microempresas y el transporte serían más accesibles. Nada funcionará, sin embargo, sin educación financiera y programas de pensiones y jubilación que se adapten al cambiante mercado laboral. El cambio es necesario.

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