DEBEMOS PREPARARNOS
El devastador incendio en el Puerto de Manta del pasado 6 de junio es una lección ineludible sobre la necesidad de una gestión de riesgos más estricta. Lo que comenzó como un accidente durante labores de mantenimiento reveló la fragilidad de un sistema que, pese a mostrar avances en modernización tecnológica, sigue teniendo puntos débiles. La rápida propagación de las llamas a 35 embarcaciones—con pérdidas que superan los decenas de millones de dólares—y las dificultades para controlar nuevos focos de fuego demuestran que la infraestructura de prevención y respuesta en el área artesanal no es suficiente. Las autoridades gubernamentales deben garantizar protocolos de seguridad rigurosos en zonas de alto riesgo, exigir el cumplimiento de normas como las NFPA y dotar al Cuerpo de Bomberos de equipamiento marítimo especializado. No se puede permitir que una chispa en un generador vuelva a poner en jaque a toda una comunidad, amenazando cientos de empleos y una tradición pesquera centenaria. Solo una gestión integral de riesgos, que combine tecnología, normativa y capacidad operativa, podrá evitar que esta tragedia se repita. La seguridad del puerto no es un gasto, es una inversión para proteger vidas y la economía de Manabí.



