UN DÍA PARA RECLAMAR LA NIÑEZ ROBADA

Cada 1 de junio, Ecuador festeja el Día del Niño con sonrisas, caramelos y juguetes. Pero la verdadera celebración no debería limitarse a un acto comercial. Sería un insulto ignorar que miles de niños y niñas en el país viven una realidad muy distinta: desnutrición crónica, trabajo infantil, violencia intrafamiliar y un sistema educativo que aún no logra cerrar brechas. Según UNICEF, Ecuador tiene una de las tasas más altas de desnutrición crónica infantil en la región. El hambre no entiende de fechas. Y mientras repartimos globos, muchos pequeños asisten a escuelas sin agua potable o profesores estables. Peor aún: el maltrato físico y psicológico sigue siendo una sombra que se cuela en sus hogares. Sería hipócrita felicitar a la niñez sin exigir políticas públicas efectivas. El Código de la Niñez es avanzado, pero su aplicación es débil. Los presupuestos municipales y nacionales rara vez priorizan la primera infancia. No se trata de regalar un juguete nuevo, sino de garantizar salud, educación y protección todos los días del año. Este 1 de junio, más que un festival, necesitamos un compromiso nacional. Que el Día del Niño sea el recordatorio de que ninguna sociedad puede llamarse justa si abandona a sus propios niños. Porque celebrar sin actuar es solo un espejismo. La niñez ecuatoriana no merece aplausos de cartón: merece derechos hechos realidad.

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