MÁS QUE UN REGALO, UN ETERNO AGRADECIMIENTO
Cada segundo domingo de mayo, Ecuador se viste de flores, abrazos y nostalgia para honrar a quien nos dio la vida. El Día de las Madres es, en apariencia, una fecha comercial, pero en esencia representa el pilar más profundo de nuestra sociedad: el amor incondicional. La madre ecuatoriana no solo cría: enseña, lucha, trabaja dentro y fuera del hogar. Es yapa en el almuerzo, consejo al atardecer y silencio que escucha madrugadas de insomnio. En la Sierra, en la Costa, en la Amazonía o en las islas, su figura trasciende culturas y dialectos. Es la primera maestra de valores, la tejedora de sueños y el refugio en la tormenta. Sin embargo, conviene reflexionar: ¿basta un día para medir su entrega? El afecto no debería limitarse a una tarjeta o un detalle. Hace falta reconocer su trabajo invisible, muchas veces no remunerado, y la presión social que aún recae sobre sus hombros. Ser madre en Ecuador implica también enfrentar brechas laborales, falta de tiempo para el autocuidado y, en muchos casos, la crianza en solitario. Este domingo, celebremos con ternura, pero también comprometámonos a honrarlas los 365 días: con respeto, equidad y presencia. Porque ningún perfume ni pastel iguala el regalo de sentirlas valoradas. Feliz día, madres ecuatorianas. Su amor es el latido de esta tierra.



