LOS PROBLEMAS DEL SECTOR ARROCERO

ARTICULO Dr. Juan Carlos Cassinelli Cali

Dr. Juan Carlos Cassinelli Cali

Ex Ministro de Comercio Exterior, Doctor en Jurisprudencia, Director de Global Trade Consulting. Presidente del Comité de Comercio de Inversiones amcham GYE
Twitter: @JCCassinelli [email protected]

Hay un sector al que siempre hay que seguir de cerca: el sector arrocero del Ecuador. No es casualidad. Más de 120.000 familias dependen directamente de esta actividad, muchas de ellas pequeños productores que cultivan entre 10 y 15 cuadras. Su economía es cíclica —trimestral o cuatrimestral— y está profundamente ligada a los resultados de cada cosecha. Por eso, cualquier alteración en este sector tiene un impacto inmediato y sensible en miles de hogares. Las cifras ayudan a dimensionar su relevancia. En Ecuador se cultivan alrededor de 280.000 hectáreas de arroz: unas 200.000 durante el ciclo de invierno y cerca de 80.000 en verano. La provincia del Guayas lidera ampliamente la producción nacional, concentrando aproximadamente el 75%, mientras que Los Ríos aporta cerca del 20%. Sin embargo, el panorama actual es complejo. El fuerte invierno registrado a inicios de año provocó una reducción estimada de al menos 50.000 toneladas en la producción. A ello se suma un verano particularmente seco, que continúa afectando el rendimiento de los cultivos. Como si esto no fuera suficiente, persiste la incertidumbre en el frente externo, especialmente en relación con Colombia y la posibilidad de que se impongan aranceles al arroz ecuatoriano, lo que limitaría eventuales salidas comerciales. Pero hay un elemento que genera especial preocupación: a pesar de que este año no existen excedentes significativos —la producción apenas cubre la demanda interna—, las piladoras no están comprando con normalidad. Esto abre la puerta a cuestionamientos sobre posibles distorsiones en el mercado. Mientras el precio oficial de la saca se ubica entre 34 y 36 dólares, los gremios arroceros denuncian que en la práctica se están pagando entre 20 y 22 dólares,niveles que comprometen seriamente la rentabilidad del productor. En este contexto, el anuncio del Estado de adquirir aproximadamente 20.000 toneladas de gramínea para estabilizar los precios resulta relevante, aunque hasta ahora no se evidencia una ejecución efectiva de esta medida. La falta de implementación concreta profundiza la incertidumbre en el sector. El resultado es claro: el productor arrocero es, una vez más, el principal afectado. La cosecha de invierno ha sido golpeada, la de verano enfrenta condiciones adversas, y miles de familias ven amenazada su estabilidad económica. A esto se suma un factor climático adicional: las altas temperaturas de la temporada, que dificultan aún más el desarrollo de los cultivos. En adelante, será fundamental monitorear la evolución de este importante estratégico. En particular, la decisión de Colombia respecto a los aranceles podría incidir en el comportamiento del mercado. Si se mantiene un acceso favorable, podría abrirse una ventana para aliviar la presión sobre los precios, que hoy muestran una tendencia a la baja a pesar de una reducción de la oferta cercana al 20%.

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