
El ascenso al monte Cristo Rey, un punto geográfico donde convergen las fronteras de Texas, Nuevo México y Chihuahua, solía ser una jornada de silencio y contemplación. Estudiantes, ciclistas y soldados de unidades cercanas acostumbraban subir por sus senderos para observar el río Grande y tocar las baldosas de la estatua de 8,8 metros que corona la cima desde 1939.
Sin embargo, esa calma se quebró recientemente con el estruendo de potentes explosiones que ahora transforman la fisonomía de esta montaña sagrada para miles de personas. Según un informe de BBC, las detonaciones son parte de las obras para extender el muro fronterizo, una de las promesas insignes de la administración de Donald Trump, que busca cerrar lo que era la última gran brecha sin vallas en esta zona metropolitana binacional. Lo que durante décadas se consideró un terreno geológicamente inviable para la construcción hoy está siendo intervenido con maquinaria pesada y dinamita.
El objetivo es levantar una barrera de postes de acero de nueve metros de altura que dividirá definitivamente el paisaje entre Sunland Park y Ciudad Juárez. La indignación entre los habitantes de la región creció tras las publicaciones de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) en redes sociales, donde se calificaron las voladuras como un “procedimiento estético” para “asegurar un terreno históricamente difícil”. Este lenguaje ha sido recibido como una falta de respeto por la comunidad, especialmente porque las obras coinciden con la tradicional peregrinación de Viernes Santo.
Este año, los fieles no encontrarán la paz habitual del cerro, sino un entorno en obra gris, custodiado por contratistas y patrullas. La Diócesis Católica de Las Cruces, propietaria de la mayor parte de la montaña, ha encabezado la oposición legal y moral al proyecto. A pesar de sus constantes negativas para permitir el acceso a sus terrenos, las obras avanzan amparadas en normativas federales. Kathryn Brack Morrow, asesora jurídica de la diócesis, fue enfática al señalar en sus comentarios a las agencias que “un lugar de esperanza, fe y comunión se convertiría en un lugar de miedo, exclusión y división”, según registra el diario El Paso Times.
Para la Iglesia, la presencia de la barrera y la vigilancia intensiva disuadirán a los peregrinos de ejercer su libertad de culto en un lugar que ha sido centro de oración por casi un siglo. “Conceder acceso a los terrenos que la diócesis posee para fines de la CBP, ya sea de forma temporal o permanente, disuadiría a esos peregrinos y migrantes de practicar su religión como lo han hecho durante casi 100 años”, añadió Morrow en sus declaraciones al citado medio estadounidense. Más allá de la controversia política, el monte Cristo Rey es considerado por científicos como una “pizarra gigante” de la historia natural.

En 2002, el geólogo Eric Kappus descubrió allí huellas de dinosaurios de hace 80 millones de años, lo que convierte a la montaña en uno de los mejores laboratorios de campo del mundo. Kappus sostiene que el lugar es un “tesoro” que permite enseñar casi todo un curso de introducción a la geología en sus laderas, valor que contrasta con la descripción de algunos portavoces oficiales que han tildado la zona de ser simplemente un “paisaje lunar” de rocas y arena.
El impacto ambiental también preocupa a organizaciones como Wildlands Network, que advierten sobre la interrupción de corredores biológicos. Myles Traphagen, coordinador de la organización, explicó que el muro bloqueará el paso de especies protegidas como el lobo gris mexicano, cuyos ejemplares han sido rastreados cruzando precisamente por esta zona en sus tránsitos entre México y Estados Unidos. Para Traphagen, “el muro fronterizo supone una falta de respeto hacia todo el trabajo que han realizado numerosas agencias gubernamentales” en la recuperación de la fauna silvestre.
La celeridad de las voladuras tiene una explicación jurídica: la suspensión de más de dos docenas de leyes federales el pasado 3 de junio de 2025. Amparada en la Ley REAL ID, la administración estadounidense dejó sin efecto normativas de protección ambiental y de preservación histórica para agilizar la construcción.
Esto ha permitido que la empresa SLSCO, bajo un contrato de 95 millones de dólares, avance sin la necesidad de presentar evaluaciones de impacto ambiental detalladas ni someterse a la supervisión habitual.



