VOLAR CON CABOS SUELTOS

Ecuador atraviesa una crisis de seguridad sin precedentes. La infiltración del crimen organizado transnacional y sus brazos ejecutores locales ha transformado la vigilancia en una prioridad nacional. Sin embargo, mientras el país intenta blindarse contra el terrorismo y la violencia, en puntos muy críticos de conectividad -como los aeropuertos- parece existir una grieta. Resulta incomprensible que ante la sofisticación de las bandas delictivas y el riesgo constante de fugas de alto perfil, el control de identidad pueda ser laxo. En el aeropuerto de Guayaquil, la exigencia de la cédula de identidad para acceder a los filtros de seguridad es intermitente, limitándose muchas veces a la revisión del pase de abordar. En Quito, la situación es aún más permisiva: el ingreso depende solo del escaneo automático del pase de abordar, sin ninguna validación humana que confirme quién está detrás de ese boleto. ¿Cómo se garantiza que el pasajero que se embarca en el avión es realmente quien dice ser? En un escenario donde el crimen no escatima recursos, las autoridades y las instituciones responsables del transporte aéreo deben actuar con urgencia. Es hora de revisar protocolos y asegurar que todos los pasajeros sean debidamente identificados antes de abordar.

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