
La alegría de un grupo de jóvenes que celebraban su graduación en Playas se apagó de forma brutal cuando sicarios armados irrumpieron a balazos en una vivienda donde compartían junto a una piscina. En segundos, la fiesta se transformó en una escena sangrienta que dejó seis estudiantes muertos y cuatro heridos. Los muchachos, graduados el 27 de febrero en un colegio de Playas, se habían reunido en una casa entre la avenida Jaime Roldós Aguilera y el Malecón para recordar su promoción y conversar sobre sus planes de ingresar a la universidad. Pero alrededor de cuatro hombres armados llegaron en motocicletas, derribaron el portón y dispararon de forma indiscriminada contra quienes estaban dentro. Comerciantes del sector escucharon ráfagas de armas automáticas. Mientras algunos atacantes ingresaban a la vivienda, otros se quedaron afuera intimidando a los transeúntes. Cuando la Policía y las Fuerzas Armadas llegaron, acordonaron la escena e iniciaron el levantamiento de evidencias. Pero la tensión creció cuando los familiares irrumpieron entre gritos y llanto para impedir que los cuerpos fueran llevados a la morgue. “Ya están muertos… ¿para qué queremos autopsia? No tenemos dinero”, suplicaban desesperados. Tras media hora de tensión, varios familiares y vecinos rompieron el cerco policial y sacaron los seis cadáveres para llevárselos a sus casas. Adentro, los cuerpos yacían alrededor de la piscina con impactos de bala en la cabeza y el cuerpo. Los padres, devastados, aseguraron que sus hijos eran jóvenes dedicados al estudio. “Con sacrificio los educamos para que tengan un mejor mañana, no para que terminen así”, dijo entre lágrimas un familiar.



