
En el centro de París, un escaparate exhibe ratas disecadas hace más de un siglo, junto a una placa de una empresa que desratiza desde 1872. La imagen refleja un problema histórico: la convivencia con roedores en la capital francesa. Con las elecciones municipales de marzo, el debate sobre cómo gestionar las ratas ha resurgido. Mientras algunos candidatos proponen métodos no letales, los exterminadores defienden su labor. Amandine Sanvisens, de la asociación PAZ, aboga por aceptar su presencia y usar anticonceptivos en lugar de matarlas: «Sin ratas, las alcantarillas se atascarían». Pero Sacha Krief, de HP Nuisances, sostiene que la erradicación es imposible: «Son demasiado numerosas». Estima que la plaga creció tras el cierre de restaurantes en la pandemia. Se calcula que en París podría haber hasta seis millones de ratas, duplicando a la población humana. Aunque no causan grandes epidemias, cada año se registran cientos de casos de leptospirosis.



