
Dr. Juan Carlos Cassinelli Cali
Ex Ministro de Comercio Exterior, Doctor en Jurisprudencia, Director de Global Trade Consulting. Presidente del Comité de Comercio de Inversiones amcham GYE
Twitter: @JCCassinelli [email protected]
La crisis que se vive por la guerra en la que están involucrados Irán, Estados Unidos y varios países del Medio Oriente —así como algunas naciones de la Unión Europea que ya se han pronunciado al respecto— tienen un trasfondo que, además de bélico, es también profundamente comercial. No hay que olvidar que Irán se encuentra entre los diez mayores productores de petróleo del mundo, con más de tres millones de barriles diarios. A ello se suma que es también uno de los grandes productores de gas natural. Si bien los bloqueos y sanciones internacionales han limitado su capacidad de exportación, su importancia estratégica para muchas naciones de su entorno es incuestionable. Por otro lado, también se acusa a este régimen de mantener un proceso permanente de rearme que pondría en riesgo la paz y la estabilidad mundial. Todos estos elementos corresponden analizarlos a quienes siguen de cerca el desarrollo diario del conflicto. A nosotros, en cambio, nos toca observar cuál es su impacto en la economía mundial. El primero de ellos es evidente: Irán tiene una posición estratégica en el estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más importantes del planeta. Por este punto transita aproximadamente el 25 % de la carga energética mundial, particularmente petróleo proveniente del Medio Oriente, que sigue siendo la principal región productora del mundo. La consecuencia inmediata de cualquier tensión en esa zona es el incremento del precio de los combustibles, provocado por problemas logísticos y de seguridad. Pero el efecto no se limita al costo del petróleo. También se encarece el transporte, el flete marítimo y, en general, toda la cadena logística del comercio internacional. Para el Ecuador esto tiene un impacto directo. Nuestro país exporta e importa mayoritariamente a través del transporte marítimo en contenedores. Lo que antes costaba alrededor de 2.000 dólares por contenedor puede pasar fácilmente a costar 4.000 o incluso 5.000 dólares, dependiendo de cuánto tiempo se mantenga este conflicto y de la magnitud de la incertidumbre en los mercados. Esto significa que nuestros productos pueden enfrentar mayores dificultades logísticas para llegar a mercados internacionales, particularmente en Asia, mientras que los bienes importados llegarán con precios más elevados. En otras palabras, una crisis que ocurre al otro lado del mundo termina afectando de manera directa a la economía ecuatoriana. En el ámbito fiscal, sin embargo, podría existir un efecto parcialmente compensatorio. El incremento del precio del petróleo puede favorecer los ingresos del país por exportación de crudo, a pesar del castigo que tradicionalmente recibe el petróleo ecuatoriano de calidad Oriente y Napo. Al mismo tiempo, es cierto que la importación de derivados se encarece, pero las políticas fiscales relacionadas con los subsidios podrían amortiguar parte del impacto. En cualquier caso, vivimos en un mundo cada vez más convulsionado. El Ecuador, una economía profundamente vinculada al comercio exterior y a la exportación de productos no tradicionales, se ve obligado —una vez más — a demostrar su capacidad de resiliencia. Hace apenas tres semanas hablábamos de aranceles; hoy hablamos del incremento en los costos de flete, seguros y logística internacional. Todo ello encarece la cadena productiva y plantea nuevos desafíos para nuestros exportadores. En un entorno global tan cambiante, todos debemos mantenernos atentos y preparados para buscar soluciones que permitan enfrentar este escenario tan vertiginoso en el que hoy se desarrolla el comercio mundial.



