EL PRECIO DE UN RUMBO CLARO
Ecuador prevé dar hoy un paso contundente al elevar del 30 al 50 % el arancel a los productos colombianos, manteniéndose así en una postura que ha sido, desde el inicio, rígida e inflexible frente a un socio con el que nos unen décadas de intercambio comercial y al que se le exige mayor acción contra la inseguridad. No obstante, la firmeza política no exime al Gobierno de medir y encarar el golpe económico que se viene, con una medida que congelará el comercio bilateral y que afectará a empresas y consumidores. Las autoridades han argumentado que esta medida abre una oportunidad para otros proveedores, entre ellos la empresa nacional. Un razonamiento que tiene lógica, pero que cae en un optimismo apresurado. Toda sustitución de mercado requiere tiempo, inversión y condiciones adecuadas. La urgencia ahora está en preocuparse por los efectos económicos que, desde ya genera el ínterin de esta crisis, sin visos de acabar. El Gobierno debería acompañar y apoyar con políticas claras, en esta transición, a los sectores afectados. Millones de productos colombianos de uso cotidiano se encarecerán de forma inmediata, con el consecuente impacto en los costos operativos de las empresas, en el empleo y en el bolsillo de las familias.



