CUANDO LAS NOTICIAS TIENEN DUEÑO

Cuando algún medio de comunicación replica información imprecisa, fabricada o cuestionada, renuncia a su esencia y degrada su oficio. Los periódicos, radios o televisoras no están para amplificar rumores ni para actuar como caja de resonancia de intereses particulares. Al hacerlo, estos abandonan su responsabilidad social y traicionan el compromiso fundamental que los vincula con los ciudadanos. El periodismo existe para informar con rigor, con datos investigados, contrastados y verificados. Su legitimidad siempre debe estar sostenida en la credibilidad, y esta se construye con independencia, criterio y ética. Convertirse en una central de troles, por donde circulan versiones sin sustento, implica dinamitar el principal activo de cualquier medio y su bien más preciado: su reputación. Lo que está en juego no es solo una noticia mal difundida, sino la confianza pública en quienes informan. Cuando los medios se ponen al servicio del poder, dejan de ser contrapeso y vigilancia democrática, que es para lo que fueron creados, y se transforman en instrumentos de propaganda y abandonan su deber de servir exclusivamente a la sociedad. Sin independencia no hay periodismo, y sin periodismo responsable se debilita la democracia. Y eso está pasando en Ecuador.

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