
Abg. Ramiro Rivera Molina titulo
Político ecuatoriano que ocupó la vicepresidencia del Congreso Nacional entre 2003 y 2005 Profesor universitario en Universidad de las América Presidente del Grupo @elcomerciocom
La República de Weimar durará 14 años (1919-1933). Su precaria existencia pasó entre el júbilo, el entusiasmo, la conmoción y la frustración. El destacado escritor alemán, acreedor del premio nobel de literatura (1929), Thomas Mann, entusiasta defensor de Weimar, sintió lo que vendría, cuando afirmó: «después de la guerra perdida: el caos». La turbulencia y anarquía socavarán los porosos cimientos de Weimar. Una nación derrotada y humillada, envuelta en una monstruosa inflación, sacudida de tensiones y presiones separatistas y una incesante perturbación. La inflación de Weimar está entre las más grandes del siglo XX, después de la de Hungría (1944-45), que alcanzó hasta trece mil billones por ciento. En el caso de Weimar, a comienzos de 1922, el marco alemán vale 1/200 en relación al dólar, a finales del año, 1/10.000. En 1923, un dólar por 18.000 marcos. A pesar de los controles del Reitchsbank, que lo colocó a 20.000 marcos por un dólar, pronto llega a 50.000 y 150.000. En pocos meses a 500.000. Luego a un millón. En agosto, a 4 millones y a finales de septiembre alcanzó los 160 millones de marcos, llegando al hito de los 1.000 millones. Claudio Klein, en De los espartaquistas al nazismo: la República de Weimar, dice: «a partir de este momento ya no hay moneda corriente en Alemania (…) toda la sociedad parecía hundirse, la confianza había desaparecido totalmente». Es el desplome total. La turbulencia social y política zarandea. Tentativas de golpe de Estado (putch). Forcejeos de un extremo y de otro. Las tendencias separatistas en Renania y Baviera. Renania con preferencia católica frente al protestantismo prusiano, tiene una zona ocupada por Francia que reclama la reparación. Varios plebiscitos previstos en el Tratado de Versalles. Renania se declara República en 1919. En 1922 Baviera, se niega a aplicar las ordenanzas presidenciales del Reich. Las tensiones se extienden La tormenta perfecta se ha producido.La Constitución de la República de Weimar fue un ensayo republicano. Un catálogo de derechos y la fusión de mecanismos propios del parlamentarismo, con dispositivos del presidencialismo extremo. Un sistema político bicéfalo. La figura de un presidente elegido con sufragio universal, mandato de 7 años y con poderes extraordinarios (art. 48), el Canciller y el Parlamento; más los estados federados. Algunos denominarán este modelo como parlamentarismo weismarino. El resquebrajamiento y la destrucción del sistema republicano que se forjó en Weimar, se precipita con la Gran Depresión del 29. La República se hunde y expira. Su exigua gloria ha terminado. En medio de su derrumbamiento, se agranda la presencia de la retórica redentora de Hitler y el rápido crecimiento del nazismo, tanto en las elecciones de 1930 hasta su triunfo en 1933 y el acceso al poder. El resto del horror y la barbarie del holocausto vendrá después. Si reflexionamos sobre la lección que dejó el colapso de Weimar, tiene una despiadada actualidad la voz de Bismarck: «Lo que aprendemos de la historia es que nadie aprende de la historia». La rápida ruina de la Constitución de Weimar, en palabras del destacado jurista italiano Costantino Mortati, que participó en la asamblea que elaboró la Constitución de Italia de 1947: «no despertó nostalgia alguna». Sin ser abolida, dejó de existir, aplastada por el inmenso peso por la ley de plenos poderes, que acomodó al barbárico régimen nacionalsocialista hitleriano.



