DIANA SALAZAR: FIN DE UNA ERA

La fiscal general Diana Salazar se convirtió en un símbolo nacional por razones de gran peso. La principal es que ella depuró el Estado desde sus entrañas. No es habitual que un país que ha normalizado la corrupción, la impunidad y los privilegios, se sane con el trabajo de sus mismas instituciones. Salazar lo hizo con trabajo honesto, firme y valiente mientras fue Fiscal General. Resistió la arremetida del mismo crimen organizado que buscó amedrentarla, amenazarla y atentar contra su integridad. No paró ni siquiera con las presiones políticas de los aliados de los delincuentes. Este trabajo no solo le sirvió para un reconocimiento internacional, sino para ser una posible candidata a la Presidencia de la República. Los casos penales más sonados de los últimos años, Sobornos, Metástasis, Plaga, se deben a su trabajo y tenacidad. Desde mayo de 2025, dejó la vara muy alta para quien ocupe ese cargo. Hasta el momento, nadie ha mostrado estar a la altura. El riesgo en el corto plazo es que la Fiscalía General del Estado ya no ilusione más a los ecuatorianos que esperan Justicia. Pero, al menos, dos riesgos adicionales. Uno, que los cuestionamientos al concurso para nuevo fiscal no provoquen cambios que garanticen la transparencia del proceso y quien dirija esa institución llegue a defender intereses políticos o relacionados con el narcotráfico. Y dos, que las actuales autoridades interinas han dejado de ofrecer resultados eficientes —como lo hacía Diana Salazar—, lastimando la institucionalidad y la esperanza nacional. El legado de Diana Salazar se apaga.

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