MANABÍ Y EL VALOR DEL VOTO

Santiago Palacios Montesinos

Comunicador Corporativo santiagopalaciosm@gmail.com

En Manabí, el tablero político empieza a moverse con anticipación. Aún falta aproximadamente un año para las próximas elecciones, pero ya es evidente que los principales actores políticos han comenzado a desplegar sus estrategias para asegurar respaldo electoral. No es casualidad ni improvisación: es cálculo, territorio y estructura. Por un lado, vemos a un movimiento político enfocado en la creación de nuevas directivas cantonales y en el fortalecimiento de aquellas que ya existen. Estas estructuras locales no solo cumplen una función organizativa; son el brazo operativo del proyecto político en cada ciudad. Desde ahí se articula el liderazgo territorial, se forman nuevos cuadros, se captan militantes y se construye presencia sostenida en el tiempo. Es una apuesta clara por el trabajo de base, por el contacto directo y por la permanencia. Por otro lado, otro partido político ha optado por realizar su convención en una ciudad donde su nivel de popularidad es históricamente alto, tanto a escala local como provincial. La decisión no es simbólica: responde a una estrategia de reafirmación. Fortalecer las bases donde el respaldo ya existe busca asegurar esa votación histórica que ha caracterizado a la provincia y enviar un mensaje interno de cohesión y fuerza territorial. Ambas estrategias son legítimas desde la lógica política. Sin embargo, más allá de los movimientos partidistas, este escenario debería llevarnos a una reflexión profunda como manabitas: nuestro voto importa, y mucho más de lo que solemos reconocer. Mientras no asumamos el valor real de nuestro voto, seguiremos entregándolo sin exigir a cambio lo que esta provincia necesita con urgencia. Manabí no necesita promesas recicladas ni discursos emotivos cada cuatro años. Necesita liderazgo con visión, planificación, capacidad de gestión y, sobre todo, compromiso real con el desarrollo provincial. Infraestructura, empleo, seguridad, educación, salud y oportunidades para los jóvenes no pueden seguir siendo consignas de campaña; deben convertirse en resultados medibles. En este contexto, es fundamental analizar con detenimiento los perfiles de quienes aspiran a liderarnos. No basta con que sean conocidos o populares. Debemos buscar personas capaces, sí, pero también íntegras; líderes con valores sólidos, con una hoja de vida que respalde su discurso y con evidencia clara de que pueden generar impactos positivos. El liderazgo público exige coherencia entre lo que se dice y lo que se ha hecho. Estamos a tiempo. A un año de una nueva elección, aún podemos cambiar la lógica con la que decidimos. Esta vez, el voto debe sumar para los intereses de Manabí, no solo para los de un colectivo político o de un grupo de personas. Votar con conciencia es también una forma de exigir, de marcar límites y de apostar por un futuro distinto. El desarrollo de la provincia no depende únicamente de quienes buscan el poder, sino de quienes se los otorgamos. Manabí merece más, y ese “más” empieza por entender que el voto no es una costumbre heredada, sino una responsabilidad compartida.

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