UN LLAMADO URGENTE A SANEAR LA SALUD PÚBLICA
Una vez más, las instituciones fundamentales para el bienestar de los ecuatorianos están bajo el foco de la desconfianza. Que la Comisión Nacional Anticorrupción (CNA) centre sus últimas alertas en la gestión de la salud pública, el Ministerio de Salud y el IESS no es una noticia más; es un diagnóstico grave de un sistema en estado crítico. Estas alertas no son meras acusaciones burocráticas, sino un síntoma de una enfermedad que corroe el corazón mismo del Estado: la incapacidad de garantizar un derecho básico, la salud, con transparencia y eficiencia. La mención específica de estas tres entidades no es casual. El Ministerio de Salud es el rector y planificador nacional; la gestión de la salud pública a nivel descentralizado es la ejecutora en territorios; y el IESS es el pilar de la salud para millones de trabajadores. Que todas estén bajo escrutinio simultáneo sugiere un mal sistémico, no fallas aisladas. La corrupción en salud es particularmente perversa. Se aprovecha de la vulnerabilidad de las personas para enriquecerse. Las alertas de la CNA son, en el mejor de los casos, una oportunidad para una cirugía mayor a un sistema enfermo. Ignorarlas o minimizarlas sería una condena a que los pacientes sigan pagando, no solo con su dinero, sino con su salud, las consecuencias de un mal que tiene cura: la voluntad política, el control riguroso y la participación social. El llamado es claro. El diagnóstico está sobre la mesa. Ahora corresponde a las autoridades demostrar, con hechos, que la salud de los ecuatorianos vale más que cualquier interés corrupto. El tiempo de la impunidad en nuestro sistema de salud debe llegar a su fin.



