CAMBIO EN EL IESS: INEVITABLE Y NECESARIO
Los aportes mensuales de trabajadores y empleadores solo cubren la mitad de lo necesario para mantener el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS). Históricamente tratado como una alcancía estatal, con autoridades que aplican paños fríos a problemas estructurales, el Instituto avanza hacia una implosión. El IESS requiere más de $11.000 millones anuales para pensiones, salud y beneficios, pero solo recibe $5.533 millones de contribuciones. El resto depende de transferencias estatales— pagadas a regañadientes e incompletas —y de la venta de sus propios activos. Si esta fuera una institución privada, su directorio actuaría con urgencia: recortando gastos innecesarios, cobrando deudas y defendiendo sus activos. Pero, al ser de “todos”, el IESS termina siendo responsabilidad de nadie. Su futuro es insostenible. En lugar de mejor servicio y tranquilidad para los afiliados, hay resignación ante una crisis que se agrava. Este año debe comenzar un cambio pospuesto por décadas. Urge independencia en la administración, combatir la corrupción, una reforma estructural, sincerar la deuda estatal, asegurar inversiones eficientes para los fondos de jubilación y agilizar la atención. La transformación no puede esperar más.



