ESPERANZA POR SALIDA DE MADURO
Nicolás Maduro fue el hombre de más confianza de Hugo Chávez. Luego de la muerte del líder del socialismo del siglo XXI, en 2013, Maduro ascendió al poder y recrudeció las políticas dictatoriales en contra de la libertad de su pueblo. Bajo su mandato se ha producido el mayor éxodo en América Latina. Más de 8 millones de venezolanos han abandonado su país, obligados por la pobreza, la devaluación, la inseguridad y la persecución. Y, ahora, hay la esperanza de que eso acabará. La inédita captura de Maduro, el sábado pasado, luego de una operación militar estadounidense sin precedentes en el continente, deja lecciones para la región y para el mundo. La primera: el poder no dura para siempre. Un servidor público sabe cómo ingresa, pero no cómo lo deja. La salida puede ser por la puerta grande, por donde entró o exiliado por crímenes, alegando ‘lawfare’; quizá incluso acusado de narcotráfico. La segunda: que la democracia, la alternancia del poder y la independencia de funciones marca la diferencia entre quien tiene vía libre para convertirse en un corrupto autócrata, y un demócrata que trabaja por un proyecto país. La tercera tiene que ver con el tráfico de drogas. Maduro, su esposa y otros chavistas enfrentan cargos penales en EE.UU. por su relación con el envío de cocaína desde 2006 usando recursos públicos, con indicios que los atan incluso al mexicano Chapo Guzmán. Trump declaró su profesa intención de “dirigir el país” en tanto logren una transición “segura, ordenada y responsable”, así como la advertencia de que una segunda ola de ataques seguirá si la dictadura no baja los brazos. El tiempo irá arrojando detalles sobre esta espectacular operación militar que, por fin, permite a los venezolanos de alma libre soñar con un futuro de paz y conciliación.



