
La mañana del pasado 4 de enero de 2025, cuando Venezuela aún amanecía sacudida por la resaca política, militar y emocional del mayor golpe sufrido por el chavismo en más de dos décadas, el papa León XIV rompió el silencio desde el Vaticano.
Su mensaje llegó apenas un día después del ataque coordinado que desembocó en la captura de Nicolás Maduro en Caracas, un hecho que cambió de forma abrupta el tablero regional y abrió un escenario cargado de incertidumbre. Mientras en los venezolanos persistían el desconcierto y los rumores del futuro de la nación, el Pontífice optó por un tono sobrio, pastoral y profundamente simbólico.
No habló de vencedores ni de derrotados. Tampoco se detuvo en los detalles de la operación que terminó con el líder del régimen fuera del poder. Su foco fue el pueblo venezolano. “Sigo con gran preocupación la evolución de la situación en Venezuela”, expresó León XIV, marcando desde el inicio una postura de alerta ante un proceso aún en desarrollo.
En su mensaje, el Papa subrayó que el bien del “querido pueblo venezolano” debe prevalecer por encima de cualquier otra consideración, una frase que resonó con fuerza en un país exhausto tras años de crisis, represión y fractura social.



