
Carmen Barreto pasó la mañana de este jueves, 1 de enero, en los exteriores del centro forense de Manta, a la espera del cuerpo de su hijo, una de las siete víctimas mortales de la masacre ocurrida la noche del 31 de diciembre. Entre lágrimas, ella relató que su hijo, de 36 años, había regresado de pescar cerca de las 08:30 y minutos después salió a comprar una gorra nueva, una tradición personal con la que iniciaba cada año. Según ella, tras volver a casa se bañó, se cambió de ropa y salió a participar en una reunión familiar, que incluyó a vecinos del barrio, para despedir el año. Entre ellos estaba uno de sus hermanos, quien resultó herido en el ataque.
“Él murió cuando corrió por su vida”, dijo Carmen, cuya vivienda se encuentra a unos 20 metros del lugar donde ocurrió la balacera. La mujer relató que inicialmente confundió los disparos con pirotecnia. “Luego escuché los gritos. Salí a buscar a mi hijo y lo encontré en el piso. Le tomé la mano y todavía estaba vivo”, recordó. Minutos después llegó la policía y confirmó su fallecimiento. El cuerpo fue cubierto con una sábana antes de ser trasladado mientras familiares y vecinos intentaban brindar los primeros auxilios en medio del caos, con cuerpos rodeados de sangre y escenas de desesperación que marcaron el cierre trágico del año. Las autoridades confirmaron que las víctimas adultas fueron Pedro Arturo Mera Guadamud, Jorge Luis Párraga Barreto, Víctor L.
QUE DICE LA POLICÍA SOBRE ESTE ATAQUE MÚLTIPLE Carlos Rivadeneira, jefe subrogante del distrito Manta, indicó que el ataque estaría relacionado con una disputa territorial entre grupos delictivos. “Un grupo de personas se encontraba en una fiesta familiar cuando fue atacado por integrantes de otra banda con la que, presuntamente, mantenían rencillas”, señaló.



