Trump informó sobre la imposición de un arancel universal base del 10% a todas las importaciones a EE.UU. a partir del 5 de abril.
Y si lo anterior no fuera suficiente, reveló que unos 60 países, entre ellos los de la Unión Europea (UE) y China, se verán afectados por unas tasas aún más elevadas a partir del 9 de abril.
El mandatario republicano dijo que las medidas “harán que EE.UU. vuelva a ser rico”, y añadió que fue “muy amable” con las medidas que adoptó.
Unas afirmaciones que casi la totalidad de los gobernantes del mundo han puesto en duda, comenzando por los aliados más estrechos de Washington como la Unión Europea (UE), Reino Unido o Australia y, que fueron respaldadas por rivales como China.
Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, aseguró en la madrugada del jueves que estos aranceles (del 20% para la UE) son un duro golpe para la economía mundial.
“Seamos claros sobre las enormes consecuencias: la economía mundial sufrirá enormemente, la incertidumbre se disparará y desencadenará un mayor proteccionismo”, aseguró.
“Las consecuencias serán nefastas para millones de personas en todo el mundo”, agregó.
Von der Leyen también dijo que Europa ya está ultimando su primer paquete de medidas en respuesta a los primeros aranceles al acero y preparando nuevas contramedidas si las negociaciones fracasan.
“Sé que muchos de ustedes se sienten defraudados por nuestro aliado más antiguo”, dijo. “Debemos prepararnos para el impacto que esto inevitablemente tendrá”.
“Europa se mantiene unida: por las empresas, por los ciudadanos y por todos los europeos, y seguiremos construyendo puentes con todos aquellos que, como nosotros, se preocupan por un comercio justo y basado en normas como base de la prosperidad”, aseguró.
Horas después, el primer ministro británico, Keir Starmer se pronunció de manera similar.
“Nadie gana en una guerra comercial, eso no favorece nuestro interés nacional”, afirmó el mandatario, quien al ser consultado sobre cómo responderá su gobierno dijo: “Todas las opciones están sobre la mesa”.
Starmer hizo las declaraciones en su despacho, a donde convocó los directivos de empresas británicas como la farmacéutica AstraZeneca, el fabricante de armas BAE y la automotriz Jaguar Land Rover.
Previamente, la primera ministra de Italia, Giorgia Meloni había calificado de “errónea” la tasa arancelaria que Trump impuso a la UE, mientras que el primer ministro de Australia, Anthony Albanese, dijo que un impuesto de importación del 10% sobre los productos de su país era “injustificado”.
Meloni, aliada de Trump, dijo que los aranceles “no convenían a ninguna de las partes”, pero que trabajaría para llegar a un acuerdo con EE.UU. para “evitar una guerra comercial”.
Por su parte, el mandatario español, Pedro Sánchez, aseguró que España protegería a sus empresas y trabajadores y “seguiría comprometida con un mundo abierto”.
El ministro de Comercio irlandés, Simon Harris, dijo que estaba listo para negociar con EE.UU., y que esa era la “mejor manera de avanzar”, mientras que el taoiseach (un cargo equivalente al de primer ministro en ese país) Micheál Martin tachó la decisión de Trump como “profundamente lamentable” y que no beneficiaba a nadie.
Ulf Kristersson, el primer ministro sueco, afirmó por su parte que su gobierno no quiere que se aumenten las barreras comerciales.
“No queremos una guerra comercial… Queremos retomar un camino de comercio y cooperación con EE.UU., para que la gente de nuestros países pueda disfrutar de una vida mejor”, indicó.
Sin embargo, hasta ahora, más allá de declaraciones ningún país europeo ha revelado cómo responderá al golpe de Washington.