LA SIERRA AUSENTE

Cada vez hay menos presencia de la Sierra en el liderazgo político. Ha pasado ya un cuarto de siglo desde la última vez que un serrano fue elegido presidente, y en el gabinete del futuro presidente Daniel Noboa prevalecen —hasta el momento— personalidades alineadas con los intereses de otras regiones. En la misma tónica, la nueva mayoría legislativa nace de conjugar a tres movimientos cuya esencia y base electoral se encuentra en la Costa. En un país con tantas susceptibilidades regionalistas como Ecuador, el escenario opuesto —uno de primacía continuada de la Sierra— habría despertado una resistencia enardecida; sin embargo, a los serranos parece no importarles la pérdida de protagonismo que han sufrido, y las fuerzas políticas imperantes tampoco lucen preocupadas por reincorporarlos. El escenario es perjudicial. La Sierra cuenta con alrededor de 7 millones de habitantes, y las oportunidades y amenazas que la atañen difieren de las del resto del país. Mientras no reviva un liderazgo que la represente debidamente, capaz de articular sus necesidades en la agenda de Gobierno, la viabilidad de cualquier proyecto político nacional estará en duda. A la clase política le conviene apoyar el surgimiento de nuevos cuadros en esta región y promover su participación en nombre de la unidad y la estabilidad, tal como se ha hecho con otros grupos. Si no se genera el espacio para un liderazgo serrano visionario y sensato, quienes reclamarán ese espacio —tal y como se vio en octubre de 2019 y junio de 2022— serán probablemente los radicales. Ese es un escena- rio que Ecuador necesita evitar a toda costa

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