EL GRAN EXTORSIONADOR

Viéndolo desde el ángulo adecuado, todos los ecuatorianos son de alguna manera extorsionados. Pagar impuestos y recibir a cambio un paupérrimo servicio de salud pública, vivir en la indefensión ante la delincuencia, transitar por las calles y carreteras y no observar un solo policía o vigilante de tránsito es una verdadera extorsión. Claro, no existe una coerción a través de una amenaza o un arma de fuego, pero el Gobierno lo hace a través de mecanismos legales.

Es la más grande extorsión que vive el país. ¿Cómo viven los hospitales privados con un gran hueco de deuda por las derivaciones por parte del Seguro Social? Y pese a la morosidad, siguen recibiendo pacientes derivados. Hay una sospechosa manipulación del sistema y que los representantes de las instituciones privadas prefieren ocultar. Esa es otra forma de extorsión.

Si el país quiere verdaderamente combatir y erradicar las extorsiones, hay que hacerlo en todos los niveles. Empezando por la gran falacia de que el Gobierno devuelve con servicios lo que pagamos en impuestos. Cuando lo haga con eficiencia y se sienta la mano del Estado en todo el sector público, se habrá empezado a combatir y eliminar las extorsiones en el país. Es una lucha dura, pero en algún lugar y momento hay que empezar.

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