EL VALOR DEL DEBATE

La exposición de los candidatos en el debate, que por su formato no puede llamarse como tal, sí marcó un punto de inflexión en las elecciones presidenciales del domingo, porque le sumó votos al candidato de ADN y le restó a los que se quedaron fuera de la contienda electoral.

Bajo este contexto, el careo entre los dos finalistas, aún sin fecha, pero que podría programarse para octubre, será crucial para quienes todavía no hayan tomado una decisión, porque ya no será entre siete participantes, sino entre dos.

Varios han sido los factores atribuidos a quien dio la sorpresa electoral el domingo, entre ellos su fuerte trabajo en territorio aprovechando su juventud, la oferta de un plan populista y el hastío ciudadano a la política tradicional del enfrentamiento y no de las ideas. Pero tal vez lo que más apoyo le significó fue su comportamiento y la exposición de ideas en el debate.

Los presidenciables tienen menos de dos meses para captar el voto de los indecisos, porque seguramente una parte de la población votante ya escogió a su opción el mismo día que se anunciaron los resultados oficiales. El pueblo debe escoger entre una mujer que representa al grupo político que estuvo diez años en el poder, aunque haya cambiado de nombre, y un joven de una alianza política que jamás ha gobernado el país.

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