El Coca es el corazón de la actividad petrolera en Ecuador

Su nombre oficial es San Francisco de Orellana pero es más conocida como El Coca, la puerta de entrada y salida al Yasuní en la provincia de Orellana. La ciudad se activa desde muy temprano, a las 07:00 en el puerto ubicado a orillas del río Napo, donde cerca de 20 embarcaciones aguardan para hacer traslados al interior de la selva. Aquí llegan apresurados con sus maletas cerca de 50 pasajeros.

Desde aquí viajan waoranis, shuar, taromenane, kichwas, con sus trajes típicos y van junto a ingenieros y técnicos que se dirigen a pozos petroleros, ubicados en el cantón Aguarico. El contraste de los atuendos refleja la diversidad de esta zona, en una escena que se repite diariamente.

El día a día en El Coca

Un punto referencial para los 86 mil habitantes de esta localidad es también la avenida 9 de Octubre, en el centro.

Allí se concentran concesionarias de vehículos, tiendas de repuestos de carros, talleres mecánicos, comercios de lanchas y canoas. También hay proveedores de tubería para petróleo, que reflejan cómo la ciudad ha basado su desarrollo en un 60% en la actividad extractivista.

En la misma avenida está el aeropuerto Francisco de Orellana, construido en 1958. Una estación tipo B, es decir que hace servicio de pasajeros y carga a escala nacional. Aquí operan cuatro aerolíneas y al día salen dos vuelos.

Aquí también se ubican cuatro grandes hoteles, con capacidad de hasta 500 personas, que reciben sobre todo a trabajadores de las compañías petroleras. Cae el sol y el ritmo de esta localidad se enciende en el malecón. Allí, tras la jornada laboral, llegan los coqueños en grupos para refrescarse con la brisa del río Napo.

Aquí hay cerca de 10 bares que atienden de lunes a domingo, a partir de las 17:00. Otros, en cambio, van al barrio central. El llamado de los comerciantes de asados atrapa a los ciudadanos. A cinco minutos caminando desde allí está también la antigua terminal, donde un grupo de 60 personas se reúne cada noche a jugar ecuavoley.

Aquí se evidencia la diversidad pues hay gente no solo de Orellana sino también de Loja, El Oro, Manabí, y Guayas, que residen en El Coca por trabajo.

Cuando el reloj marca las 12:00 y el silencio se expande en la urbe, todos han regresado a sus casa y hoteles. Las calles pierden movimiento y todo queda en pausa hasta el día siguiente.

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