CRECER Y DECRECER

Si uno se concentra lo suficiente en mirar las excepciones, ve con optimismo el crecimiento de algunos deportistas ejemplares que cosechan triunfos y medallas a nivel mundial. Trascienden es la palabra correcta que los define en su esfuerzo metódico y rutinario, sin darle tregua a la distracción ni al engaño para lograrlo. Es justo integrarlos a ellos con el cuerpo de entrenadores en la recompensa con la conquista de sus sueños, a pesar, muy a pesar, de las autoridades oficiales y su falta de compromiso social para rodearlos de la infraestructura, los medios y la carga motivacional que se la consiguieron en buena parte y por cuenta propia.

Los futbolistas que militan con relativo éxito en clubes denominados grandes, en competencias muy exigentes, también caben en esta apreciación de inyectar optimismo, autoestima, entre quienes nos esforzamos por encontrar lo positivo en medio de tanta carencia, de tanta incompetencia que sobra.

Porque si ese grupo humano crece, aun cuando fuera de manera individual, la clase política, la élite gobernante decrece, demostrando entre resultados su pobreza de visión para sostener al bien común, y no degradarlo, a niveles como los que se ha logrado. Mientras no sirven para servir, se sirven entre ellos, y así crece la delincuencia con la inseguridad en un círculo vicioso.

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