La asesina serial de Quito envenenó a sus propios hijos

En una historia que parece sacada de las páginas de un escalofriante thriller, Lissa María C., una joven de tan solo 28 años, ha sido condenada por cuarta vez a prisión debido a su siniestra trayectoria criminal en Pifo, parroquia rural de Quito.

Tres sentencias previas por asesinato y otra por ingresar objetos prohibidos al centro de rehabilitación social de Latacunga, donde cumple sus penas, hacen de ella una de las criminales más letales y misteriosas que jamás haya conocido el país. El último episodio criminal que llevó a Lissa a enfrentar la justicia fue el asesinato de Marco E., un hombre que compartía con ella el espacio de trabajo en una empresa florícola.

La investigación liderada por la Fiscalía de Pichincha desentrañó la macabra verdad: Lissa envenenó a su compañero en la misma casa de la víctima. La fatídica noche del 11 de junio de 2020, después de consumir bebidas alcohólicas, Marco E. fue hallado sin vida por sus familiares, con espuma brotando de su boca. La mujer ya había abandonado el inmueble sin imaginar que en la escena del crimen dejó una pista clave para su enjuiciamiento y sentencia. Los peritos forenses hallaron una huella digital en una botella de cerveza, una pista clave que la incriminaba.

Los análisis científicos revelaron que la huella correspondía al dedo meñique de Lissa María C. Además, una jarra de agua que dejó contaminada con la sustancia venenosa en el lugar del crimen pudo haber llevado a una tragedia aún mayor. Y es que un día después del crimen, la viuda de Marco, sin saber qué contenía, la utilizó para preparar el desayuno de ella y sus dos hijos, quienes afortunadamente sobrevivieron tras ser hospitalizados.

La Fiscalía presentó pruebas contundentes en la audiencia de juicio, incluyendo el testimonio del médico legista, el examen toxicológico y el relato de los agentes policiales presentes en el levantamiento del cadáver. El tribunal, con unanimidad, declaró a Lissa María C. culpable y la condenó a 22 años de prisión por este atroz asesinato.

Envenenó a sus propios hijos

Esta no es la primera vez que Lissa ha enfrentado a la justicia. Su primera sentencia ocurrió en agosto de 2021, cuando fue condenada a una pena máxima agravada de 34 años y ocho meses por envenenar a sus propios hijos, de 5 y 9 años, cuyos cuerpos fueron hallados el 27 de octubre de 2020. Pero la siniestra historia no termina ahí, ya que ese mismo día, la Policía descubrió el cuerpo de Jaime Giovanny Y., oculto empotrado bajo un lavabo en el inmueble de Lissa, en la parroquia de Pifo.

El cadáver estaba en estado de descomposición, lo que significa que lo mató un tiempo antes que a sus hijos. Ella no ha revelado por qué mató a quienes se suponía debía proteger. La Fiscalía probó que la mujer también envenenó al hombre que había ocultado bajo el lavabo, envuelto en una cobija.

La segunda sentencia condenatoria por este caso llegó en abril de 2022, con una pena de 22 años de privación de libertad. Pero eso no es todo; también debe enfrentar una condena por ingresar artículos prohibidos a la cárcel, que le costó otros cuatro meses tras las rejas en 2022. El país entero se pregunta qué motivó a esta joven a perpetrar tales actos atroces y cuántas más podrían haber caído víctimas de su malévola sed de muerte.

Aunque las autoridades creen que esta sádica historia ha llegado a su fin, la sombra de Lissa María C. continuará persiguiendo los sueños de aquellos que alguna vez compartieron su vida. La pregunta que todos se hacen es: ¿Qué oscuro rincón de su alma la llevó a convertirse en una asesina en serie?

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