4 DE NOVIEMBRE: EL ORGULLO DE UN PUEBLO

Hola, amigos. Escribo desde Manta, en el Mes de la Manteñidad, para enfatizar en una fecha y lo que ha generado a lo largo de 104 años. He recopilado mis investigaciones en un libro cuyo título es: “4 de noviembre: el orgullo de un pueblo”, de pronta circulación. Observo que, en toda sociedad, existen momentos en los que sus habitantes dejan de verse solamente como vecinos que comparten un territorio; comienzan a reconocerse como una comunidad con un destino común. Ese cambio no siempre es visible. No se anuncia con discursos solemnes ni aparece de un día para otro. Es un proceso silencioso que madura en la conciencia colectiva. Las grandes transformaciones históricas suelen comenzar así. Antes de que existan leyes, existen ideas. Antes de que aparezcan decretos, existen conversaciones. Antes de que una comunidad reclame nuevos derechos, primero debe convencerse de que está preparada para asumir nuevas responsabilidades. En 1912, Manta vivía ese proceso. El dinamismo de su puerto y el esfuerzo cotidiano de su gente generaba una confianza creciente en sus propias capacidades. Se había convertido en el 4 DE NOVIEMBRE:

EL ORGULLO DE UN PUEBLO Joselías Sánchez Ramos 2026-11-02 segundo puerto de la república, su tren a Santa Ana estaba en construcción, grandes buques de Europa y Estados Unidos acoderan en su rada para recibir la tagua y otros productos de la exportación. Los inmigrantes que habían llegado desde fines del siglo 19 crearon una nueva fisonomía urbana que cambiaría para siempre al pequeño puerto de Manta. Establecieron un eje central, una calle desde la desembocadura del río hasta la loma del faro. Alrededor de esta calle se construyó el parque, la iglesia, sus viviendas y oficinas de exportación. Cada comerciante y exportador que abría nuevos mercados, cada trabajador que encontraba en el puerto una oportunidad de progreso y cada familia que apostaba por permanecer en la ciudad contribuían, quizá sin advertirlo, a fortalecer una convicción compartida: Manta podía aspirar a dirigir su propio destino. Esta es una de las lecciones más valiosas que ofrece la historia de Manta.

Los mantenses de 1912 comprendieron que los pueblos no se fortalecen únicamente por la riqueza que producen, se fortalecen cuando desarrollan confianza en sí mismos. Esa confianza no nace del orgullo vacío ni de la arrogancia. Surge del trabajo, de la experiencia acumulada y de la certeza de que el esfuerzo colectivo puede transformar la realidad. Cuando una sociedad alcanza ese nivel de madurez, comienza a mirar el futuro con otros ojos. Ya no se limita a resolver las necesidades del presente; empieza a imaginar el porvenir que desea construir. Ese fue el valor de los jóvenes de esa Manta parroquial de la década de 1910. Comenzaron a pensar más allá de su tiempo. Habían recibido una herencia histórica y debían entregar su legado a otra generación. Los jóvenes parroquianos, convocados por Ascario Paz Bonilla, un joven de 32 años, se reunieron el 18 de julio de 1912, para escuchar y escucharse.

Creo que no fueron personas extraordinarias en un sentido mítico, pero si fueron capaces de observar oportunidades donde otros solo veían dificultades. Comprendieron que el futuro no llega por inercia; se construye mediante decisiones. Tomaron una gran decisión. Resolvieron conformar el “Comité Cantón Manta” para gestionar la cantonización de su parroquia que pertenecía a la jurisdicción del cantón Montecristi. Por unanimidad, designaron a los miembros del directorio del Comité Cantón Manta: Presidente: Ascario Paz Bonilla; Presidente honorario: Francisco J. Cantos; Vicepresidente: Ricardo Delgado Pinto; Secretario general: Aparicio F. Flores N.; Tesorero: Carlos Delgado Pinto; Vocales principales: Dr. Carlos T. Camacho, Jorge Paz, Luis Telmo Paz y Miño, Alberto Solórzano; Juan H. Escobar y Jacinto Moreno; Vocales suplentes: Gustavo Delgado Pinto, Elías Clavijo, Gil Delgado Pinto, Aquiles Paz, Ignacio Rodríguez M. y Francisco G. Mora. Ellos, los gestores de la cantonización, no podían prever con exactitud cómo sería la ciudad décadas después. No sabían que el puerto alcanzaría una importancia nacional e internacional ni que nuevas generaciones mirarían aquellos años como un momento decisivo de su historia. Lo que sí sabían era que existía una responsabilidad con el futuro.

Y esa responsabilidad bastó para iniciar, el 18 de julio de 1912, el largo proceso de una década de gestiones que culminó el 4 de noviembre de 1922 cuando, en la hoy Plazoleta Azua, se proclama y notariza el Decreto de Cantonización de Manta, cumpliéndose las normas legales de la jurisprudencia de esa época. Cada uno de mis lectores puede reconocer situaciones semejantes en su propia vida. Una familia que decide invertir en la educación de sus hijos, un emprendedor que inicia un negocio sin garantías de éxito o una comunidad que se organiza para resolver un problema compartido, actúan impulsados por una misma lógica: creer que el mañana puede ser mejor si alguien comienza a construirlo hoy. Es lo que, en 1912, ocurrió en la parroquia Manta. Una decisión que ha trascendido la historia del cantón Manta. (Joselías, 2026-11- 02)

MÁS NOTICIAS

Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elit, sed do eiusmod tempor incididunt ut labore et dolore