
Angelita Lima recuerda enero de 1998. En pleno El Niño, las lluvias cerraron las vías de Colonche, Santa Elena, y dio a luz a Julio en casa porque no pudo llegar a una casa de salud. El evento dejó pérdidas de 2.882 millones de dólares y redujo 2,8% la economía ecuatoriana. La familia perdió sus ingresos y Angelita empezó a vender jugos. Hoy Julio, de 28 años, cultiva maíz, yuca, zapallo y camote; sembró árboles como barreras, participó en mingas y adoptó prácticas agroecológicas. “Como campesinos hemos hecho lo nuestro; ahora esperamos que el Gobierno haga lo suyo”, dicen. A 608 km y 2.899 m, en La Esperanza, Tabacundo, Arturo Espinoza, de 55 años, recuerda la sequía de 1982. Sin agua para riego, la comunidad creó una Junta de Agua y construyó un reservorio de 6.000 m³ con mano de obra local y una ONG.
Los 27 socios reciben agua tres días por semana y prevén almacenar alimentos. La infraestructura reduce el riesgo ante una eventual falta de lluvias. El impacto climático afecta cultivos, ganadería, carreteras, riego, energía, logística, precios y abastecimiento: un “choque de sistema”. La agricultura vincula a unos 2 millones de empleos. Las empresas deben revisar riesgos sistémicos, cadenas de suministro, continuidad, seguros y riesgos no transferibles. En techos, conviene detectar grietas, uniones deterioradas, canaletas obstruidas, empozamientos y humedad interior. Desde 1965, Ecuador registró episodios en 1982- 83, 1997-98, 2009- 10, 2015-16 y 2019- 20, con inundaciones, sequías y daños. El estudio busca Living Labs de cacao regenerativo en la Amazonía.



