
Ing Leandro Briones Rivera
Ex, Gobernador de Manabí INGENIERO CIVIL, CON AMPLIA EXPERIENCIA EN LA INGENIERÍA Y LA POLÍTICA.
Las grandes transformaciones territoriales empiezan cuando una sociedad reconoce que la realidad ha superado a sus instituciones. Ese es hoy el caso de Manabí. Portoviejo, Manta, Montecristi y Jaramijó funcionan cada vez más como una sola realidad económica, urbana y social, mientras la planificación pública sigue tratándolos como territorios separados. Miles de personas se desplazan a diario entre estos cantones para trabajar, estudiar, emprender o acceder a servicios. Las actividades productivas se complementan, las cadenas logísticas se articulan y el crecimiento urbano avanza sin respetar fronteras cantonales. La integración ya existe; lo que falta es que las estructuras administrativas se adapten a ella. ¿Tiene sentido seguir planificando por separado lo que en la práctica opera de manera conjunta? La falta de coordinación entre municipios se traduce en más gastos y menos eficiencia en servicios esenciales como agua, transporte, residuos y seguridad. Al mismo tiempo se desaprovecha un enorme potencial. Manta es uno de los principales polos portuarios, pesqueros e industriales del país. Portoviejo concentra servicios, comercio y funciones administrativas. Montecristi aporta patrimonio, industria y ubicación estratégica. Jaramijó amplía las posibilidades de crecimiento urbano y productivo. Juntos conforman una aglomeración de más de 700.000 r habitantes con capacidad para competi entre las principales áreas urbanas del Ecuador. Sin embargo, la región sigue pensándose y promocionándose de manera fragmentada. Integrada, se convertiría en un polo económico de escala nacional, capaz de atraer inversiones, generar empleo y fortalecer su competitividad. Por eso es imprescindible que ciudadanía, academia, gremios productivos y autoridades impulsen un debate serio sobre la creación del Distrito Metropolitano Centro de Manabí. No se trata de eliminar identidades locales ni de concentrar poder, sino de coordinar políticas, servicios e infraestructura bajo una visión compartida de desarrollo. Naturalmente surgirán dudas y resistencias sobre competencias, recursos y autonomía. Esas diferencias no deben impedir el análisis; deben abordarse mediante un diálogo abierto, técnico y transparente. Manabí necesita mirar más allá de sus límites cantonales. El eje Portoviejo-Manta-Montecristi- Jaramijó ya funciona como una realidad integrada. Lo que falta es construir los mecanismos institucionales que permitan gobernarla con mayor eficiencia, planificación y visión estratégica. Aquí nace la verdadera pregunta: ¿Tendremos la visión y la voluntad para convertir esa realidad en un proyecto común de futuro? Manabí tiene la oportunidad de dar un salto histórico en su desarrollo. La conversación debe comenzar ahora.



