INCENDIOS AZOTAN A QUITO
El calor, la sequedad y el viento vuelven a poner a Quito y a algunas provincias del país contra las llamas. Los incendios forestales se multiplican en varias localidades y obligan a los cuerpos de emergencia a redoblar esfuerzos. Pero apagar el fuego cuando ya está desatado no puede ser la única respuesta. ¿Cómo se originan y expanden la mayoría de los incendios? Muchas veces el problema empieza con algo que parece pequeño: una quema de basura, un cigarrillo mal apagado, una fogata o cualquier residuo encendido. En un terreno seco, una chispa basta para que las llamas corran sin control, ayudadas por el viento y las altas temperaturas. Las sanciones son necesarias y deben aplicarse cuando exista intención o negligencia. Pero castigar después de la tragedia no recupera los bosques, los cerros, los animales ni los inmuebles afectados. La prevención tiene que dejar de ser un discurso de temporada y convertirse en una tarea permanente. Sanciones y prevención permanente: la fórmula para frenar la destrucción La Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos ha insistido en fortalecer la cultura preventiva. Ahora toca llevar ese mensaje a las comunidades mediante campañas claras y constantes, especialmente en las zonas más expuestas. Al fuego provocado hay que caerle con todo el peso de la ley; y al que nace de la imprudencia, con educación. En ambos casos, la responsabilidad es de todos. ¡‘Once’ con los incendios!



