
Han pasado 30 días desde el terremoto de magnitud 7,4 que sacudió el occidente de Colombia. A un mes, el impacto inicial en plataformas digitales se disipó y el flujo de noticias bajó. Sin embargo, la emergencia y el drama de las familias afectadas siguen vigentes. Las redes sociales priorizan la novedad constante. Esa dinámica hace que emergencias humanitarias pierdan visibilidad, aunque en el terreno las necesidades básicas sigan insatisfechas.
Carolina Bazante, de Lupa Media, explica que convergen la fatiga emocional del público y la pérdida de exposición mediática. «Al inicio hay temor y solidaridad; luego aparece la fatiga por compasión: la audiencia se acostumbra y redirige su atención». Los algoritmos también favorecen la reacción inmediata. «Cuando la tragedia deja de concentrar la conversación, pierde espacio. La emergencia desaparece del entorno informativo antes que de la realidad», añade Bazante. El reto periodístico: seguir la reconstrucción, las víctimas y el uso de recursos.



