
«Vamos por derecha, no hemos hecho nada malo», afirma el capitán Eduardo Holguín, uno de los 28 pescadores liberados en Manta. Entre abrazos, lágrimas y aplausos, los tripulantes se reencontraron con sus familias a las afueras del Comando de Policía, tras permanecer retenidos desde el viernes. Los pescadores aseguran que mantuvieron la calma al estar convencidos de su inocencia.
“Teníamos la frente en alto”, agregó Holguín tras dos audiencias. Juan Carlos Posligua, otro tripulante, relató la tensión vivida durante la intervención de militares estadounidenses: “Se nos lanzaron a la proa, nos arrodillaron y nos apuntaban también desde el helicóptero”. Los 28 hombres fueron interceptados entre el 2 y 3 de septiembre en altamar, a bordo de las embarcaciones Conquista II y OM 2.
Recuperaron su libertad luego de una audiencia de flagrancia, donde el juez no halló delito, y otra de habeas corpus. En esta última se dispuso que la Cancillería solicite información a Estados Unidos sobre los procedimientos y el hundimiento de los barcos.
PREOCUPACIÓN EN EL SECTOR El caso reavivó el temor entre los pescadores artesanales. Sus dirigentes cuestionan la criminalización del oficio. “Todo pescador que va de faena ya es visto como un potencial delincuente”, sostuvo César Delgado. “No nos oponemos a los controles, pero exigimos procedimientos legales, sin destruir las embarcaciones”, añadió Leonardo Alonso. La preocupación crece porque, en nueve días, cuatro barcos han sido destruidos. EE. UU. argumenta que funcionaban como estaciones flotantes para el narcotráfico vinculado a Los Choneros. Aún no se confirma si los pescadores volverán a faenar. Para Alida Pachay, el regreso de su hijo tuvo un significado especial: llegó como el mejor regalo para sus 70 años.



