
La ratificación del CNE que deja fuera a Luisa González de la Prefectura de Manabí encendió las alarmas en la Revolución Ciudadana. La resolución, aprobada con tres votos a favor y dos abstenciones determinó que la candidata no cumplió las normas de democracia interna de Pachakutik, organización que la acogió tras la suspensión de sus casilleros originales. Aunque la dirigencia puede apelar al TCE, expertas coinciden en que buscar cobijo en el brazo político indígena fue una apuesta de alto riesgo que desatendió la rigidez legal de sus estatutos.
La consultora Grace Jiménez lo califica como «un error de arquitectura política»: al entrar a un partido ajeno, quedaron sometidos a sus reglas, incluido el requisito de dos años de membresía activa. Andrea Endara, politóloga, añade que Pachakutik fue «la única opción disponible», pero la menos compatible por su celo estatutario, lo que expuso la fragilidad de la postulación. Con el calendario avanzando, el margen se reduce. Endara señala que Manabí es un bastión personalista y territorial, por lo que se necesitaría un cuadro local fuerte. Jiménez recalca que no pueden abandonar esa prefectura. Sin embargo, Endara descarta una dispersión masiva del voto: el electorado manabita responde a Correa más que al casillero; el riesgo real es la demora del TCE.



