
“Uno puede estar en la calle caminando, le soplan algo, lo siguen y ya”, resume Carolina, cuyo hermano de 33 años fue víctima de este delito. Él desapareció la noche del viernes 21 de agosto tras salir de su trabajo en Sangolquí. Perdió la memoria por horas y fue hallado dos días después, desorientado, en la autopista Rumiñahui. Cambios en sus cuentas bancarias permitieron reconstruir su recorrido: se modificaron claves y se retiró dinero en Guamaní y el Centro Histórico. La familia lo trasladó a una clínica, donde los médicos sugirieron exposición a una sustancia en polvo. El caso no es aislado. Entre enero y julio de 2026, Ecuador registró 60 desapariciones involuntarias vinculadas a la escopolamina.
Quito concentra 29 casos (48,3%). La mayoría de víctimas son hombres jóvenes: la mediana de edad es 28 años. Los distritos Eugenio Espejo (11 casos), Los Chillos (5) y La Delicia (4) son los más afectados. Los robos con sustancias también crecen: en Quito pasaron de 181 a 297 casos entre 2025 y 2026. La Policía aclara que no solo se usa escopolamina, sino también ketamina y benzodiacepinas. Las zonas de mayor incidencia son La Mariscal, Iñaquito y el circuito universitario, donde los delincuentes se acercan para contaminar bebidas o alimentos. La denuncia tardía es un obstáculo. En Quito, el 58,6% de estos casos se denuncia tras 24 a 48 horas, dificultando detectar la sustancia. El experto Víctor Álvarez aclara que la intoxicación grave por soplido o contacto cutáneo es un mito; la principal vía es la ingestión. Ante una sospecha, se recomienda proteger a la víctima y llamar al 911.



