Los nuevos Gobiernos de Colombia y Perú, encabezados por Abelardo de la Espriella y Keiko Fujimori, respectivamente, han expresado su intención de incorporarse al Escudo de las Américas, una iniciativa promovida por Estados Unidos para fortalecer la cooperación contra el crimen organizado transnacional, el narcotráfico, la minería ilegal y otras amenazas a la seguridad hemisférica. Ecuador forma parte de esta alianza desde marzo de 2026.

El Escudo de las Américas fue presentado por el presidente estadounidense Donald Trump durante una cumbre realizada en Miami el 7 de marzo, con la participación de 12 mandatarios de América Latina y el Caribe, entre ellos Daniel Noboa. La eventual incorporación de Colombia y Perú reuniría en un mismo espacio político a tres países considerados estratégicos dentro de las rutas del narcotráfico en Sudamérica y a dos de los principales productores de cocaína del mundo.
En Colombia, De la Espriella confirmó que buscará la incorporación del país y anunció incluso la apertura de una oficina del Escudo de las Américas en Medellín, ciudad que considera clave para la lucha contra el narcotráfico. En Perú, Fujimori también ratificó su intención de adherirse a la iniciativa. El canciller Carlos Espá señaló que continuarán las gestiones, mientras que el embajador estadounidense en Lima, Bernie Navarro, afirmó que el Gobierno peruano busca fortalecer mediante esta alianza el combate al crimen organizado transnacional.
Sin embargo, analistas difieren sobre el verdadero alcance que tendría la incorporación de ambos países. Adrián Bonilla, analista internacional y catedrático de Flacso, considera que el Escudo de las Américas es actualmente una alianza principalmente política, sin un tratado internacional ni obligaciones jurídicas para sus integrantes. A su criterio, Colombia y Perú podrían ampliar la cooperación existente, pero la iniciativa todavía no contempla una estructura adicional que cambie sustancialmente los mecanismos de seguridad que ya mantienen Ecuador, Colombia y Perú.
Por otro lado, Santiago Pérez, analista internacional y docente de la UTPL, sostiene que la adhesión tendría una importancia estratégica para Estados Unidos y para la región, debido al papel de Colombia y Perú en las rutas del narcotráfico. Considera que un espacio conjunto podría facilitar el intercambio de inteligencia policial y militar y una respuesta coordinada frente a organizaciones criminales que operan de manera transnacional.
Respecto a Ecuador, Bonilla señala que los beneficios adicionales serían limitados mientras la iniciativa no establezca compromisos concretos. Pérez, en cambio, considera que un eje conformado por Colombia, Perú y Ecuador, alineado con Washington, podría aumentar la importancia estratégica de Ecuador y facilitar mayores recursos para inteligencia, tecnología, capacitación militar e intercambio de información.
Ambos analistas coinciden en que la incorporación de Colombia y Perú podría concretarse con relativa rapidez, debido a la ausencia de una estructura institucional formal del Escudo. No obstante, Pérez advierte que la cooperación debería mantenerse más allá de los cambios políticos de cada país y no depender únicamente de Gobiernos ideológicamente cercanos.
Los especialistas también coinciden en que la lucha contra el crimen organizado no debería concentrarse únicamente en acciones militares. El fortalecimiento de la justicia, el combate a la corrupción y la recuperación del control estatal de los territorios serían elementos fundamentales para que una eventual cooperación regional tenga resultados concretos.



