LA CRISIS MIGRATORIA EN CEUTA DESATA UN CHOQUE POLÍTICO Y LA UE BUSCA CONSENSOS

Europa intentó enterrar el hacha de guerra y extraer lecciones tras la oleada migratoria de Ceuta del 4 de agosto. La llegada de miles a ese enclave español desafió la resiliencia, pero se superó, afirmó Brunner. Ministros del Interior expresaron solidaridad con España, pero admitieron que la comunicación en crisis debe mejorar.

Dos bandos: España frente a Italia y Dinamarca, que exigieron excluirla del espacio Schengen, petición inviable. Sánchez criticó el egoísmo en carta, y 22 países pidieron otra reunión para defender su línea dura. Bruselas promueve muros y externalizar asilo a Ruanda o Uganda. Francia no se sumó, señalando que la mayoría ya fueron devueltos a Marruecos.

Grande-Marlaska: de 72.000 entrantes, 70.000 salieron. Dinamarca elogió la rapidez, pero insistió en controlar fronteras. Varios países cuestionaron las señales. Marruecos advirtió que una decisión incentivó la crisis. Von der Leyen pidió respuesta con vigilancia y barreras. La UE permite centros fuera, con opciones como Ruanda, Uganda, Ghana o Uzbekistán.

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