
En una vereda del barrio Miraflores, en Manta (Manabí), el cuerpo de un adolescente de 15 años yace en un ataúd completamente envuelto en plástico. La familia, además de sufrir la pérdida irreparable, enfrenta otro calvario: reunir el dinero para pagar el féretro entregado a crédito y conseguir un espacio en el cementerio. “No tenemos plata ni para el cortinaje. El ataúd fue fiado y debemos pagarlo” lamentó entre lágrimas la madre mientras observaba el féretro sellado. El avanzado estado de descomposición obligó a sellar el féretro con plástico, impidiendo un velorio tradicional.
El joven desapareció la noche del domingo 19 de julio, cuando salió con unos allegados y no regresó. Su cuerpo fue hallado la mañana del martes 21 entre escombros y basura en un terreno baldío del sector Los Gavilanes, en la bajada hacia San Juan. La madre acudió al sitio y, al ver sus pies, presintió que era su hijo. La identificación oficial se realizó este jueves 23 de julio en el Centro Forense. “A mi hijo lo torturaron. Lo golpearon, tenía un golpe en la cabeza y huellas en el cuello”, relató la madre con la voz quebrada, al describir los evidentes signos de violencia. Mientras la Policía y la Fiscalía investigan el crimen, la familia busca desesperadamente saldar los 300 dólares del ataúd y gestionar una tumba. La madre hizo un llamado a la ciudadanía y a las autoridades para que le faciliten cualquier ayuda económica que le permita darle el último adiós a su hijo.



