Terremotos como los del 24 de junio en Venezuela quiebran vidas y arrasan universos enteros. El sismo doble dejó más de 4.700 muertos, 856 edificios afectados y 190 colapsados. Ante la devastación, la gran pregunta es qué tipo de construcciones pueden proteger vidas.

BBC Mundo consultó a los ingenieros chilenos Juan Carlos de La Llera y Eduardo Kausel. Existen dos filosofías de diseño, explica De La Llera. En la convencional, durante un sismo severo “la estructura puede sufrir daño, pero no puede colapsar”. La filosofía moderna, en cambio, incorpora aisladores sísmicos y disipadores de energía que reducen el movimiento entre 8 y 10 veces, permitiendo que “el edificio no sufra daño y quede operativo”. Es como “colgarlo del cielo” o ponerlo “sobre patines” que absorben la vibración.

En Venezuela, las imágenes revelan fallas constructivas. De La Llera observó “falencias estructurales grandes: falta enfierradura, elementos que confinen el hormigón”. Kausel coincide: “Había escombros sin enfierradura y acero como espagueti, sin concreto adherido”. Esto indica que no había adhesión entre el fierro y el hormigón, quizás por falta de estrías en las barras o un concreto débil con exceso de agua o arena. “Si no hay adhesión, el fierro no ayuda a resistir”, sentencia Kausel. También fue fatal el suelo de rellenos aluviales, que amplifica el movimiento como una gelatina. La tecnología de aislación, aplicable incluso en viviendas sociales, marca una diferencia sustantiva. “Es como tener una vacuna”, dice De La Llera.

Sin embargo, de nada sirven las normas si no se ejecutan con rigor. Kausel concluye: “No se saca nada con tener en papel normas muy resistentes si no se aplican y la calidad de la construcción no es buena. No hay sustituto para la excelencia”.





